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miércoles, 27 de junio de 2012

El relato de aventuras


Leer los siguientes cuentos:


A la deriva[Cuento. Texto completo]
Horacio Quiroga
El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.
Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.
-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña1!
Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.
-¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña!
-¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer, espantada.
-¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!
La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.
-Bueno; esto se pone feo -murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.
Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.
Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentose en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.
El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito -de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.
La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.
La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.
-¡Alves! -gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.
-¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! -clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.
El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.
El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.
El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.
El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.
¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.
Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.
De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho.
¿Qué sería? Y la respiración...
Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...
El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.
-Un jueves...
Y cesó de respirar.
FIN

La miel silvestre[Cuento. Texto completo]
Horacio Quiroga
Tengo en el Salto Oriental dos primos, hoy hombres ya, que a sus doce años, y a consecuencia de profundas lecturas de Julio Verne, dieron en la rica empresa de abandonar su casa para ir a vivir al monte. Este queda a dos leguas de la ciudad. Allí vivirían primitivamente de la caza y la pesca. Cierto es que los dos muchachos no se habían acordado particularmente de llevar escopetas ni anzuelos; pero, de todos modos, el bosque estaba allí, con su libertad como fuente de dicha y sus peligros como encanto.
Desgraciadamente, al segundo día fueron hallados por quienes los buscaban. Estaban bastante atónitos todavía, no poco débiles, y con gran asombro de sus hermanos menores -iniciados también en Julio Verne- sabían andar aún en dos pies y recordaban el habla.
La aventura de los dos robinsones, sin embargo, fuera acaso más formal a haber tenido como teatro otro bosque menos dominguero. Las escapatorias llevan aquí en Misiones a límites imprevistos, y a ello arrastró a Gabriel Benincasa el orgullo de sus stromboot.
Benincasa, habiendo concluido sus estudios de contaduría pública, sintió fulminante deseo de conocer la vida de la selva. No fue arrastrado por su temperamento, pues antes bien Benincasa era un muchacho pacífico, gordinflón y de cara rosada, en razón de su excelente salud. En consecuencia, lo suficiente cuerdo para preferir un té con leche y pastelitos a quién sabe qué fortuita e infernal comida del bosque. Pero así como el soltero que fue siempre juicioso cree de su deber, la víspera de sus bodas, despedirse de la vida libre con una noche de orgía en componía de sus amigos, de igual modo Benincasa quiso honrar su vida aceitada con dos o tres choques de vida intensa. Y por este motivo remontaba el Paraná hasta un obraje, con sus famosos stromboot.
Apenas salido de Corrientes había calzado sus recias botas, pues los yacarés de la orilla calentaban ya el paisaje. Mas a pesar de ello el contador público cuidaba mucho de su calzado, evitándole arañazos y sucios contactos.
De este modo llegó al obraje de su padrino, y a la hora tuvo éste que contener el desenfado de su ahijado.
-¿Adónde vas ahora? -le había preguntado sorprendido.
-Al monte; quiero recorrerlo un poco -repuso Benincasa, que acababa de colgarse el winchester al hombro.
-¡Pero infeliz! No vas a poder dar un paso. Sigue la picada, si quieres... O mejor deja esa arma y mañana te haré acompañar por un peón.
Benincasa renunció a su paseo. No obstante, fue hasta la vera del bosque y se detuvo. Intentó vagamente un paso adentro, y quedó quieto. Metiose las manos en los bolsillos y miró detenidamente aquella inextricable maraña, silbando débilmente aires truncos. Después de observar de nuevo el bosque a uno y otro lado, retornó bastante desilusionado.
Al día siguiente, sin embargo, recorrió la picada central por espacio de una legua, y aunque su fusil volvió profundamente dormido, Benincasa no deploró el paseo. Las fieras llegarían poco a poco.
Llegaron éstas a la segunda noche -aunque de un carácter un poco singular.
Benincasa dormía profundamente, cuando fue despertado por su padrino.
-¡Eh, dormilón! Levántate que te van a comer vivo.
Benincasa se sentó bruscamente en la cama, alucinado por la luz de los tres faroles de viento que se movían de un lado a otro en la pieza. Su padrino y dos peones regaban el piso.
-¿Qué hay, qué hay? -preguntó echándose al suelo.
-Nada... Cuidado con los pies... La corrección.
Benincasa había sido ya enterado de las curiosas hormigas a que llamamos corrección. Son pequeñas, negras, brillantes y marchan velozmente en ríos más o menos anchos. Son esencialmente carnívoras. Avanzan devorando todo lo que encuentran a su paso: arañas, grillos, alacranes, sapos, víboras y a cuanto ser no puede resistirles. No hay animal, por grande y fuerte que sea, que no haya de ellas. Su entrada en una casa supone la exterminación absoluta de todo ser viviente, pues no hay rincón ni agujero profundo donde no se precipite el río devorador. Los perros aúllan, los bueyes mugen y es forzoso abandonarles la casa, a trueque de ser roídos en diez horas hasta el esqueleto. Permanecen en un lugar uno, dos, hasta cinco días, según su riqueza en insectos, carne o grasa. Una vez devorado todo, se van.
No resisten, sin embargo, a la creolina o droga similar; y como en el obraje abunda aquélla, antes de una hora el chalet quedó libre de la corrección.
Benincasa se observaba muy de cerca, en los pies, la placa lívida de una mordedura.
-¡Pican muy fuerte, realmente! -dijo sorprendido, levantando la cabeza hacia su padrino.
Este, para quien la observación no tenía ya ningún valor, no respondió, felicitándose, en cambio, de haber contenido a tiempo la invasión. Benincasa reanudó el sueño, aunque sobresaltado toda la noche por pesadillas tropicales.
Al día siguiente se fue al monte, esta vez con un machete, pues había concluido por comprender que tal utensilio le sería en el monte mucho más útil que el fusil. Cierto es que su pulso no era maravilloso, y su acierto, mucho menos. Pero de todos modos lograba trozar las ramas, azotarse la cara y cortarse las botas; todo en uno.
El monte crepuscular y silencioso lo cansó pronto. Dábale la impresión -exacta por lo demás- de un escenario visto de día. De la bullente vida tropical no hay a esa hora más que el teatro helado; ni un animal, ni un pájaro, ni un ruido casi. Benincasa volvía cuando un sordo zumbido le llamó la atención. A diez metros de él, en un tronco hueco, diminutas abejas aureolaban la entrada del agujero. Se acercó con cautela y vio en el fondo de la abertura diez o doce bolas oscuras, del tamaño de un huevo.
-Esto es miel -se dijo el contador público con íntima gula-. Deben de ser bolsitas de cera, llenas de miel...
Pero entre él -Benincasa- y las bolsitas estaban las abejas. Después de un momento de descanso, pensó en el fuego; levantaría una buena humareda. La suerte quiso que mientras el ladrón acercaba cautelosamente la hojarasca húmeda, cuatro o cinco abejas se posaran en su mano, sin picarlo. Benincasa cogió una en seguida, y oprimiéndole el abdomen, constató que no tenía aguijón. Su saliva, ya liviana, se clarifico en melífica abundancia. ¡Maravillosos y buenos animalitos!
En un instante el contador desprendió las bolsitas de cera, y alejándose un buen trecho para escapar al pegajoso contacto de las abejas, se sentó en un raigón. De las doce bolas, siete contenían polen. Pero las restantes estaban llenas de miel, una miel oscura, de sombría transparencia, que Benincasa paladeó golosamente. Sabía distintamente a algo. ¿A qué? El contador no pudo precisarlo. Acaso a resina de frutales o de eucaliptus. Y por igual motivo, tenía la densa miel un vago dejo áspero. ¡Mas qué perfume, en cambio!
Benincasa, una vez bien seguro de que cinco bolsitas le serían útiles, comenzó. Su idea era sencilla: tener suspendido el panal goteante sobre su boca. Pero como la miel era espesa, tuvo que agrandar el agujero, después de haber permanecido medio minuto con la boca inútilmente abierta. Entonces la miel asomó, adelgazándose en pesado hilo hasta la lengua del contador.
Uno tras otro, los cinco panales se vaciaron así dentro de la boca de Benincasa. Fue inútil que éste prolongara la suspensión, y mucho más que repasara los globos exhaustos; tuvo que resignarse.
Entre tanto, la sostenida posición de la cabeza en alto lo había mareado un poco. Pesado de miel, quieto y los ojos bien abiertos, Benincasa consideró de nuevo el monte crepuscular. Los árboles y el suelo tomaban posturas por demás oblicuas, y su cabeza acompañaba el vaivén del paisaje.
-Qué curioso mareo... -pensó el contador. Y lo peor es...
Al levantarse e intentar dar un paso, se había visto obligado a caer de nuevo sobre el tronco. Sentía su cuerpo de plomo, sobre todo las piernas, como si estuvieran inmensamente hinchadas. Y los pies y las manos le hormigueaban.
-¡Es muy raro, muy raro, muy raro! -se repitió estúpidamente Benincasa, sin escudriñar, sin embargo, el motivo de esa rareza. Como si tuviera hormigas... La corrección -concluyó.
Y de pronto la respiración se le cortó en seco, de espanto.
-¡Debe ser la miel!... ¡Es venenosa!... ¡Estoy envenenado!
Y a un segundo esfuerzo para incorporarse, se le erizó el cabello de terror; no había podido ni aun moverse. Ahora la sensación de plomo y el hormigueo subían hasta la cintura. Durante un rato el horror de morir allí, miserablemente solo, lejos de su madre y sus amigos, le cohibió todo medio de defensa.
-¡Voy a morir ahora!... ¡De aquí a un rato voy a morir!... ¡No puedo mover la mano!...
En su pánico constató, sin embargo, que no tenía fiebre ni ardor de garganta, y el corazón y pulmones conservaban su ritmo normal. Su angustia cambió de forma.
-¡Estoy paralítico, es la parálisis! ¡Y no me van a encontrar!...
Pero una visible somnolencia comenzaba a apoderarse de él, dejándole íntegras sus facultades, a lo por que el mareo se aceleraba. Creyó así notar que el suelo oscilante se volvía negro y se agitaba vertiginosamente. Otra vez subió a su memoria el recuerdo de la corrección, y en su pensamiento se fijó como una suprema angustia la posibilidad de que eso negro que invadía el suelo...
Tuvo aún fuerzas para arrancarse a ese último espanto, y de pronto lanzó un grito, un verdadero alarido, en que la voz del hombre recobra la tonalidad del niño aterrado: por sus piernas trepaba un precipitado río de hormigas negras. Alrededor de él la corrección devoradora oscurecía el suelo, y el contador sintió, por bajo del calzoncillo, el río de hormigas carnívoras que subían.
Su padrino halló por fin, dos días después, y sin la menor partícula de carne, el esqueleto cubierto de ropa de Benincasa. La corrección que merodeaba aún por allí, y las bolsitas de cera, lo iluminaron suficientemente.
No es común que la miel silvestre tenga esas propiedades narcóticas o paralizantes, pero se la halla. Las flores con igual carácter abundan en el trópico, y ya el sabor de la miel denuncia en la mayoría de los casos su condición; tal el dejo a resina de eucaliptus que creyó sentir Benincasa.
FIN 



Responde:


 
1-¿Podemos considerar a los textos leídos como relatos de aventuras? ¿Por qué?

2-¿Qué características de los relatos de aventuras aparecen en "A la deriva"?

3-Relee el cuento y observa cómo se caracteriza a Benincasa. Luego señala las semejanzas y diferencias con el héroe tradicional de los relatos de aventuras.

4-Busca la biografía de Horacio Quiroga y enumera qué aspectos de su vida pueden reflejarse en los relatos.

5-El narrador es la voz que construye el relato, quien cuenta las acciones. Extrae de los relatos citas textuales donde encuentres la persona del narrador.




martes, 19 de junio de 2012

Las críticas de 7°A y 7°B sobre "Los caballeros de la rama"

Los chicos de 7° hicieron una crítica sobre el libro que trabajamos en nuestro proyecto de lectura .


Mi crítica acerca del libro los caballeros de la Rama:


"Este Libro tiene varios cuentos clásicos, pero en otra versión, que permite que el lector pueda ver esas maravillosas historias llenas de magía como la cenicienta de una manera misteriosa y cautivante.


En cambio hay otros cuentos que quizás sean inventados por el autor,lo cual esta muy bien así el lector puede imaginar otros cuentos que nunca leyó. Excepto que en algunas aparece un personaje muy peculiar que es Merlín.
Uno puede agarrar el libro, ver el título y decir "es aburrido”. Pero cuando uno lee y entiende la trama de las historias,lo cautiva .
Como me pasó a mí.. 

Melina  7ºB 2012

 
LOS CABALLEROS DELA RAMA


El libro tiene 14 cuentos fantásticos, tomando como modelo cuentos clásicos, usando sus personajes y cambiando la historia original. Me parece interesante leer estos cuentos, con un nuevo final y un poco más modernos. Algunos cuentos son creación exclusiva del autor. Otros tienen un mensaje o enseñanza. Este libro nos demuestra lo importante que es confiar en nuestras decisiones y no dejarnos convencer de hacer cosas que pensamos, están mal. A mi me gustan más los cuentos con batallas y no de princesas, pero igual me entretuve leyéndolo.

Iván Fajgenblum 7°A 2012
        


 
"El libro es interesante para los lectores infantiles. Tiene cuentos clásicos, con la diferencia de finales extendidos o con la explicación de los cuentos maravillosos, o sea los que son muy populares. Posee 14 cuentos fabulosos desde la “Bella y la Bestia” hasta las propias creaciones del autor. 
Algunos cuentos intentan dejar una moraleja como “la escuela de genios” que deja la enseñanza que una persona se gana la vida trabajando con mucho esfuerzo día a día, o los “Los caballeros de la Rama” deja la lección sobre el sentido que le damos a la vida, los motivos por los que luchamos, y por los que vale o no la pena morir.En síntesis el libro “Los Caballeros de la Rama” es muy interesante para todas las edades y descubrir historias muy divertidas e interesantes."
          
Mariela Mareco 7 ° A


Los caballeros de la Rama

Mi opinión del cuento de los caballeros de la Rama es que el consejo de Merlín  fue sabio, es decir, lo  que le dijo Merlín al príncipe Romo me pareció estupendo, le dijo: no vale la pena morir por un ideal es más valioso vivir por tus ideales, por ejemplo, tener una familia, salir a trabajar, eso si es importante.
Me gusto mucho la historia por las enseñanzas que me dio, y por  la curiosidad que te da saber como era una rama que tenía tres manzanas rojas bien frescas, uno mismo piensa como hizo para poder durar esos cientos de años tan perfecta tan madura tan rica ¿por qué no se pudre?, ¿por qué no se cae? ¿Será falsa? ¿Tendrán un árbol de manzanas y por año arrancan una rama que tenga tres manzanas rojas, ricas, frescas y a las otras tres se las comen? Yo pienso, yo dudo cuando quieren mostrarme algo tan perfecto, cuando quieren convencerme y cuando yo hago algo diferente me echan del grupo. A mí no me gusta que me obliguen a pensar igual que todos que cada uno tenga sus preferencias, sus ideas y elija su forma de ser.
 Que bueno es tener un amigo  al lado para que te ayude en las  malas y en las buenas, por ejemplo,  Merlín es un buen amigo del príncipe Romo le dice  que piense lo que hace que vea la realidad de lo que pensaba hacer, que no se deje llevar por los demás.
Que bien hizo el príncipe Romo al escuchar a Merlín, que lo haya pensado en la noche y no se haya ido con los caballeros de la Rama. Me gustó mucho este libro.

Jerónimo Orlando 7 ° A 


 Mi crítica sobre los caballeros de la Rama

Romo acababa de cumplir veintitrés años cuando los Caballeros de la Rama llegaron a Palacio. Viajaban por el mundo en grupos de entre seis y diez. A menudo eran perseguidos por otros grupos de guerreros, por individuos solitarios e incluso por criaturas desconocidas, cuya existencia no era fácilmente comprobable. Se decía que los había perseguido durante un año un dragón, y que cada vez que se lanzaban a la mar eran acechados por un gigantesco monstruo marino para el que los hombres no tenían nombre. La rama que llevaban consigo era realmente un prodigio: se trataba de una rama de manzano, con tres manzanas rojas, henchidas, a punto de caer. La llevaban como la habían llevado sus abuelos, sus tatarabuelos y ancestros aun más lejanos, hasta donde se perdía el rastro. La rama era la misma. Hacía cientos de años que se mantenía madura y firme, igual que sus frutos. Por algún motivo, muchos otros hombres y criaturas deseaban la misma rama, pero los Caballeros de la Rama nunca habían perdido su dominio. Merlín lo pensó un buen rato antes de permitirles pasar la noche en Palacio. No sentía ninguna predilección por ellos, pero tampoco quería enemistarse. Averiguó si en aquel preciso momento los estaba persiguiendo algún otro grupo enemigo, y en tal caso si existían riesgos reales. Los guardias y espías informaron a Merlín que no había enemigos humanos a la vista, pero corrían rumores de que un ave gigantesca, con cuerpo de murciélago y cabeza de león, perseguía a los Caballeros de la Rama aquel año. Merlín desmereció la supuesta noticia agitando una mano. El libro está compuesto por catorce cuentos breves, de no más de cuatro páginas, que retoman la temática de los cuentos de hadas, tradicionales, leyendas y relatos de magia, para dar otra versión de los hechos y desmitificar la historia que se conoció durante tantos años. Algunos de los personajes de estos textos son la Cenicienta, la Bella Durmiente, la Bella y la Bestia, el mago Merlín y Romo.

José Cardozo 7 ° B
 
Crítica: “Los caballeros de la rama”.

Los cuentos que están dentro del libro, me gustaron mucho, y eran muy interesantes. El libro tiene catorce cuentos en 116 páginas y las historias en él van desde obras clásicas como La Bella y la Bestia hasta creaciones propias del autor. “La Escuela de los Genios” esta historia es más una incertidumbre que una enseñanza, dejando confusión al lector en lugar de una idea o enseñanza.
Bueno este libro es muy interesante para los lectores, ya que al empezar a leer un cuento, este lo domina completamente.
Sonia Pan 7°A

LOS CABALLEROS DE LA RAMA


“LOS CABALLEROS DE LA RAMA” consta de 14 cuento distribuidos en 116 páginas .Este libro contiene cuentos infantiles que a los lectores les interesará. Algunos de estos cuentos contienen una moraleja como por ejemplo  en el cuento de los caballeros de la rama, que no dice el significado que le damos a la vida los motivos por los que luchamos, y por los que vale o no la pena morir.Otros como “LA FELICIDAD DE LA  PRINCESA” una   historia diferente a los cuentos tradicionales de princesas.
En fin este libro es muy interesante para los lectores, ya que al empezar a leer un cuento, este lo domina completamente.
AGUSTINA CHAPA   7ºB


“LOS CABALLEROS DE LA RAMA”


En general el cuento es entretenido. Hay cuentos clásicos en esta literatura infantil, los finales son extendidos o que cambian de golpe. Los Caballeros de la Rama está dividido en 14 cuentos de no máximo de 4 páginas y en 116 páginas.
 Estos cuentos dejan una moraleja, una idea y nos dejan pensando, porque te da una reflexión en la cual hay que pensar, por ejemplo, en La Bella y la Bestia te dice que no importa como seas por fuera, lo que importa es tu interior, es decir, tu carácter, tu simpatía, etc. En conclusión este cuento nos deja una enseñanza moral. Algunos personajes muy conocidos que se encuentran son, La Cenicienta, Merlín, La Bella Durmiente, entre otros. Mi elección como mejores cuentos son “¿Por qué no existen la brujas?” y “La Escuela de los genios”. Son muy buenos cuentos aunque “La Escuela de los genios”  es un poco confuso, te deja con dudas, cosa que en este tipo de cuentos no tendría que pasar. 
Este cuento es para adultos y niños, ya que es muy entretenido y es una buena elección para los que se aburrieron de los típicos cuentos de reyes y reinas.

Tomas Rosa y Lucas Coria  7° “A”

 Crítica: “Los caballeros de la rama”

Al leer estos cuentos me di cuenta que tienen cosas en común con los cuentos tradicionales y a la vez son distintos porque se repiten las mismas situaciones (con reyes, reinas, princesas, etc.) pero se resuelven de distinta manera.  Los personajes actúan diferente a lo esperado, por ejemplo: las brujas a veces no saben cual es su misión mientras que en los cuentos tradicionales si. Los genios terminan viendo que los hombres a veces son mas inteligentes que ellos, pero en los cuentos tradicionales ellos son los más poderosos e inteligentes, la gente sencilla como un sastre es capaz de engañar a un rey, haciéndole un traje que solo pueden ver los inteligentes, pero en los cuentos tradicionales no pasa eso.

Una de las diferencias mas importantes es la del mago Merlín, quien no hace magia que de felicidad eterna, si no que ayuda a pensar que la felicidad completa no existe, como en el cuento de “La felicidad de la princesa”.

En el cuento “Los caballeros de la rama” se cambia la forma de pensar sobre los ideales. Merlín dice que lo más difícil es vivir siempre siendo fiel a una idea, tratando de cumplir toda la vida con lo que uno se propuso. Eso es más difícil que arriesgar la vida por cuidar una rama. Nos muestra que el esfuerzo diario para cumplir con nuestras cosas comunes de todos los días puede ser más difícil que un gran ideal heroico.

Micaela Leal 7° “A”.

miércoles, 13 de junio de 2012

Actividad final:"Los caballeros de la rama"

Los caballeros de la rama    7 Grado

Las alumnos de 7mo A TM de la Escuela 16 DE 15 leyeron:
"Los caballeros de la rama"
Patricio de 7°A realizó esta crítica

Los Caballeros de la Rama

La premisa general del libro es simple y entretenida: cuentos clásicos de la literatura infantil, pero con la diferencia de tener un final extendido en el que se produce un hecho que parodia al original, o bien que el mismo final del cuento cambie drasticamente. Los Caballeros de la Rama nos presenta catorce cuentos a lo largo de 116 páginas y las historias en el van desde obras clásicas como La Bella y la Bestia hasta creaciones propias del autor. Hay que destacar la presencia de un par de personajes en una gran parte de los relatos, el Príncipe Romo y su fiel amigo, el mago Merlín.
Los cuentos buscan dejar una moraleja, ya sea sobre como defender lo importante para uno, o sobre actitudes que debemos tomar frente a nuestra propia exigencia; pero siempre apuntando a dejarnos una enseñanza moral.
Como dije antes, el libro consta de 14 cuentos, de los que extraje dos para revisarlos más detalladamente. A mi personal parecer, el mejor y el peor respectivamente: “Los Caballeros de la Rama” y “La Escuela de los Genios”. El primero es una excelente moraleja sobre el sentido que le damos a la vida, los motivos por los que luchamos, y por los que vale o no la pena morir. El cuento ocasiona un debate con uno mismo, haciéndonos revisar nuestra idea sobre una vida sacrificada y plena. Pero el segundo cuento, “La Escuela de los Genios” es mas una incertidumbre que una enseñanza, dejando confusión al lector en lugar de una idea. En el cuento, un maestro en una escuela de genios decide enseñarle humildad a uno de sus alumnos (quien desprecia a los humanos por considerarlos cómodos e inferiores). Entonces, el alumno sale a recorrer el mundo para entender mejor a los hombres. El alumno por fin vuelve de su viaje, esta vez alegando que la vida del hombre no es fácil, y que por tener que lidiar con una vida así diariamente, también es fuerte. Pero en un incomprensible giro, el maestro cambia su mentalidad y contradice al alumno, llamando patéticos a los hombres. Pero luego de que el alumno termine de responder a su comentario, el maestro vuelve a cambiar de opinión, esta vez diciéndole a su alumno que no hay más poderosos o menos poderosos.
En conclusión, Los Caballeros de la Rama es un libro para grandes y chicos, para aquellos que quieran encontrar algo nuevo además de las clásicas historias de reyes y reinas. Para todas las edades, para todos los gustos.
Actividad: Realiza una crítica completa sobre "Los caballeros de la Rama".

Actividad para 6°A y 6 °B sobre "El monstruo del arroyo"